Última Actualización 10 julio, 2019

Carcasona: herencia medieval al sur de Francia

Carcasona es una de esas ciudades en las que la huella de épocas pasadas sigue muy presente. Conocida por su ciudadela amurallada, no podemos dejar pasar la oportunidad de contemplar sus torres, sus arcos, sus calles adoquinadas y, cómo no, sus casi tres kilómetros de muralla.

Esta ciudad de la región francesa de Languedoc-Rosellón fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. Antes de hablar de sus grandes atractivos, vamos a ver unas pinceladas de historia.

En el año 800 a.C. Carcasona se transformó en un importante centro de intercambio comercial. También adquirió importancia estratégica desde el momento en que los romanos fortificaron la cima de la colina, allá por el año 100 a.C. y la convirtieron en el centro administrativo de la colonia de Iulia Carcaso. Visigodos (siglo V) y musulmanes (siglo VIII) ocuparon la ciudad y esto supuso que se construyeran más fortificaciones.

El papel de Carcasona durante la cruzada contra los albigenses (principios del siglo XIII) la hizo famosa. La ciudad era sede episcopal de dos iglesias enfrentadas (católica de Roma y cátara) y se encontraba dividida en dos. El Papa Inocencio III acabó con los cátaros, considerados herejes, en 1229. En aquella época se ampliaron nuevamente las fortificaciones y se convirtió en una ciudadela de la frontera entre Francia y la Corona de Aragón. La provincia pasó a manos de Francia definitivamente por medio del Tratado de los Pirineos (1659).

Imprescindible en Carcasona:

  • Imaginar que estás en la Edad Media mientras contemplas el castillo, con foso incluido.
  • Subir a la torre de la gran catedral de estilo gótico (cuando contemples las vistas, sabrás por qué).
  • Recorrer el Paseo de las Lizas: el camino que hay entre la muralla interior y la exterior y contar sus 52 torres (¿52? ¿Seguro?).
  • Hacerte una foto a lo Hamlet en el Teatro Deschamps, teatro ‘romano’ al aire libre.
  • Quedarte con alguna (mínimo) de las plazas que verás: buenas terrazas, buenos vinos y buenos guisos.
  • Darte un paseo por los puestos artesanales.
  • Probar el cassoulet, probablemente, el plato más típico de Carcasona: se trata de un guiso tradicional hecho con alubias blancas y carne.

Puedes completar la escapada a la zona haciendo la ruta de los castillos cátaros (Laurac, Fanjeaux, Mas-Saintes-Puelles, Lastours, Montségur, Termes o Puilarens), que desarrollaremos en próximas entregas.